"En un mundo desolado por el caos y la destrucción, por guerras inmensurables, con una sociedad decrépita y unos dirigentes corruptos, un solitario cazador es llamado a ser el adalid de una nueva era. Una aventura épica repleta de batallas y magia, en la que se confunden el bien y el mal y el orden impuesto se ve trastocado por la afilada hacha de Kerron, el Cazador, y la búsqueda de su propio destino"




viernes, 24 de octubre de 2014

"EL DESPERTAR" - AVANCE CAPÍTULO VI







— …La última vez que estuve aquí os advertí que, o pagabais el impuesto de seguridad exigido para que los gloriosos hombres del ejército del Dras Sammi, nuestro Gran Líder y Guía de los Nuevos Hombres, pudieran protegeros mejor como nuevos súbditos que sois de los sediciosos agitadores que pueblan esta tierra envenenando vuestras mentes con falsas ideas de libertad y pureza; o pagaríais las consecuencias. Vosotros habéis hecho oídos sordos a nuestra amable sugerencia: ¿es que acaso apoyáis a los rebeldes que cuestionan la legitimidad de nuestro Gran Maestro y de su representante en Keltnar? Él, que tan misericorde y justo ha sido con vosotros. Seguís empeñados en rebelaros rechazando su mensaje de Paz, vuestra temeridad terminará por traer la ruina sobre este estercolero que llamáis hogar.
  El amenazante discurso provenía de un siniestro individuo ataviado con una amplia túnica de media manga de color ocre que le llegaba casi hasta los tobillos. En la zona pectoral izquierda llevaba bordado con hilo dorado un triángulo con un rayo en su interior, símbolo que había servido para unificar a las diferentes tribus invasoras procedentes de Afkrun en su conquista de las tierras de Aryn. Sus diminutos ojos rasgados, incrustados en una cabeza igualmente pequeña en la que una nariz torcida y de tamaño medio dividía de manera asimétrica todo el conjunto, transmitían una maldad inconmensurable. Tenía la piel grasienta y de color amarillento, casi hepático, típico de los Ye Hudrun, paladines recaudadores de las hordas tuarnak. El cabello ensortijado le caía sobre los hombros y su incipiente calvicie hacía más visible su retraída frente.
—No es eso, mi Señor. Nosotros le somos fieles al futuro soberano y tenemos en gran estima las enseñanzas de Dras Sa.....
—Dirás del gran Dras Sammi— interrumpió secamente el ye hudrum al tiempo que le lanzaba una mirada matadora.
—Sí, tiene razón Yusit, el gran Dras Sammi, padre de los nuevos hombres— contestó servilmente el atemorizado jefe de la aldea.
—Así me gusta, mucho mejor. ¿Ves como no era tan difícil que nos entendiéramos? Seguro que podemos llevarnos bien — y esbozó una jactanciosa mueca con sus gruesos labios al ver cómo aquel rechoncho individuo de cabellos castaños y de bigote espeso, se humillaba de una manera tan obvia ante él por temor a lo que pudiera suceder.
 




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