"En un mundo desolado por el caos y la destrucción, por guerras inmensurables, con una sociedad decrépita y unos dirigentes corruptos, un solitario cazador es llamado a ser el adalid de una nueva era. Una aventura épica repleta de batallas y magia, en la que se confunden el bien y el mal y el orden impuesto se ve trastocado por la afilada hacha de Kerron, el Cazador, y la búsqueda de su propio destino"




lunes, 12 de octubre de 2015

AVANCE "EL DESPERTAR" - CAPÍTULO XXVI






"El Poder de la Sangre"





    Los gruesos tablones de la puerta principal, recubiertos con bronce para darles mayor solidez; crujían peligrosamente, con cada embestida propinada por la cabeza metálica del ariete tuarnak. Por todas partes había ruido, confusión, muerte y olor a excrementos. Los proyectiles disparados desde el exterior, por las máquinas de asedio del Dras, describían en el aire un letal arco, antes de estrellarse mortalmente en los edificios de la ciudadela. Las llamas rugían dónde quiera que el capitán Xesdinar mirara. Los desesperados soldados de la guarnición de Fitton  protegían la cara sur del muro, lanzando piedras y cascotes desde las almenas y matacanes, a los atacantes. Lo que mejor funcionaba era el aceite hirviendo, pero ya se les estaban acabando las reservas.  Los infelices tuarnak que recibían el baño del corrosivo y ardiente líquido, gritaban presas de un dolor atroz, mientras la piel se les despegaba de la carne; pero enseguida su sitio en el ariete era ocupado por otro guerrero. No había tregua ni descansos.

—¡Qué los arqueros disparen desde las aspilleras a discreción! ¡No podemos dejar que tomen el muro éste! ¡Derribad las escalas!— ordenaba Xesdinar a sus subordinados, a pleno pulmón

  El corazón le latía a mil por hora. La adrenalina chorreaba por todo su cuerpo, no sentía los golpes y heridas recibidos. La situación dentro de los muros de la ciudadela de Fitton era caótica. El cerco de los ejércitos del Dras los estrangulaba por los cuatro costados, y todo gracias a la incompetencia del mimado monarca de Cronfort. Ese mocoso no había vuelto a enviar refuerzo alguno y tampoco parecía que tuviese intención de hacerlo. 
  



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