"En un mundo desolado por el caos y la destrucción, por guerras inmensurables, con una sociedad decrépita y unos dirigentes corruptos, un solitario cazador es llamado a ser el adalid de una nueva era. Una aventura épica repleta de batallas y magia, en la que se confunden el bien y el mal y el orden impuesto se ve trastocado por la afilada hacha de Kerron, el Cazador, y la búsqueda de su propio destino"




sábado, 28 de julio de 2018

TIERRA DE BANDAS - AVANCE CAPITULO: "COCA COLA"



"COCA COLA"

La franqueza con la que el Oficial Sánchez me habló, me hizo sentir extraño. Por un momento, pareció que éramos dos tipos cualquiera conversando y no un preso y el guardia que lo escolta.
—Si eso ya lo sé—. Respondí pasándome varias veces la mano por la barbilla, gesto que evidenció mi estado de nerviosismo.
—¡Joder Calú!, mira que te gusta complicarte la vida. Si ya los sabes, no caigas en su juego. Están buscando la mínima cosa para encerrarte de por vida en el Pozo y tirar la llave. Sé más listo que todos ellos, no se lo permitas.
No me jode reconocerlo, aquel chicano me abrió los ojos. Estaba más que claro que el Alcaide, el Capitán Bronson y hasta el propio Dr. Murray, llevaban tiempo conspirando en mi contra. “A saber qué encerrona me tenían preparada”, pensé. Y es que por algo la Junta Disciplinaria había requerido mi presencia.
—Venga, tranquilízate que tenemos que entrar ya. ¿Quieres un vaso de agua o algo?— Me preguntó.
—Sí, por favor.
El Oficial Sánchez se metió en un cuarto y cuando salió, llevaba una lata de coca-cola en la mano.
—Toma, no se lo digas a nadie.
Y me la lanzó.
Como llevaba las muñecas engrilletadas, por poco se me cae al suelo al intentar cogerla. Me la bebí de un trago. Pareció que llevara semanas vagando muerto de sed por el desierto de Arizona. No dejé ni una sola gota, ¡qué rica que estaba! Al terminarla, no pude evitar soltar un ruidoso eructo.
—No tenías por qué—. Dije devolviéndole la lata vacía para que la tirase.
—Digamos que es una pequeña compensación, por todo lo que te hicieron en el Pozo.
Así que se trataba de eso, de cargo de conciencia. Supe de inmediato, por la cara que puso, que el Oficial Sánchez se había arrepentido de decir aquello.
 Mi encontronazo con Bronson en la celda de aislamiento, era más que un secreto a voces en Northwoods. Todos parecían saberlo, aunque nadie se ofreció nunca a echarme una mano. Siempre han existido las castas y yo había pasado a pertenecer a la de “los intocables”, desde el día en el que contrarié al todopoderoso Alcaide y a su perro de presa. Lógico que ninguno de los oficiales y demás funcionarios de la prisión, se prestaran a defenderme públicamente.
—No hacía falta—. Comenté más serio esta vez.
—Deja de darle vueltas a todo, es solo una Coca Cola, no te he regalado mi coche o casa.  Lo hecho, hecho está. Y vamos porque, al final, acabaremos metiéndonos en un lío.

Mi vista con la Junta Disciplinaria iba a dar comienzo. El Oficial Sánchez, después de tirar la lata, abrió la puerta y me escoltó dentro.



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