Sí, aunque os sorprenda escucharlo/leerlo, el “Racismo Anti-Blanco” existe y en este libro os lo demuestro.
YA A LA VENTA EN:
Armando es uno de
tantos jóvenes españoles insatisfechos y resentidos con un sistema democrático
que les prometió tanto, pero que luego ha terminado arrebatándoles casi todo. Por eso, harto de malvivir
con gente que lo rechaza por sus ideas y a la que tampoco llega a comprender; termina buscando una salida en la política, el fútbol y sobre todo en las
peleas callejeras. Y cuanto más se va apartando de esa sociedad progresista y
multicultural a la que tanto desprecia, se irá dando cuenta de que España no es
país para españoles.
Las intrigas, rencillas, envidias y
traiciones de la casta política española facilitaron la entrada del enemigo en
la Península Ibérica. Aquellas oscuras gentes, venidas de los más recónditos
lugares de Oriente Medio y el Magreb, cruzaron un Mediterráneo en calma; sin toparse
con la más mínima oposición.
Los
abrasadores vientos africanos del simún barrieron con fuerza y crueldad la
ajada piel de toro; de Norte a Sur y de Este a Oeste. Los españoles cayeron por
millones durante el primer año de la invasión. Las bombas, la radiación, las
epidemias y las continuas razias de los invasores causaron, en poco tiempo, una
catástrofe demográfica nunca vista en la historia de la humanidad. Los pocos nativos
peninsulares que lograron escapar de aquel cruel genocidio, no tardaron en
envidiar el destino de los caídos. Miedo, hambre y esclavitud; tanto para ellos
como para sus hijos.
Cuatro años después, con la tierra envenenada
y congelada; sobrevivir se ha vuelto aún más difícil. Invasores extranjeros y refugiados
españoles vagan, sin rumbo fijo, por los yermos campos; atrapados en una
terrorífica y gélida pesadilla de la que no pueden despertarse.
«El Día de la Resurrección ha llegado. Los no muertos arrasan el territorio de Uldarsteir, al norte de Keltnar, guiados por el macabro Profeta de Nolt. La plaga creada por Zeildoux no conoce el miedo ni el cansancio. Sin alma ni conciencia; los resucitados se lanzan al combate, desatando la carnicería. En el sur, la situación no es mucho mejor. La guerra asola campos y ciudades sin hacer distinción. Las tropas imperiales del Dras avanzan, sin oposición, hacia el valle de Helbon. El acero tuarnak riega las tierras conquistadas con la sangre alba de los caídos en combate. Batallas tras batalla, los ejércitos de Cronfort caen derrotados en una lucha sin cuartel, en la que el perdedor será exterminado. Mientras tanto, Gorben y Kerron continúan sus vivencias por separado; sin saber que el destino los conduce hacia un mismo lugar».